En cualquier proceso de crecimiento hay sectores que avanzan más rápido que otros, e incluso algunos que retroceden. Que una economía funcione a varias velocidades es algo habitual. Pero distinto es un esquema en el que todos los incentivos empujan a que unos pocos sectores crezcan mientras otros se achican en términos absolutos.

Eso es lo que ocurre hoy en la Argentina, según un análisis de Fundar. Más que dos velocidades, hay un país partido en dos: por un lado, las actividades vinculadas a las materias primas y la demanda externa, que crecen; por el otro, las que dependen del mercado interno, que caen. En julio, según el INDEC, la explotación de minas y canteras, que incluye los hidrocarburos, subió 8,4% interanual, mientras que la industria bajó 4,6%, el comercio 5,1% y la construcción 3,3%.
Para el informe, no se trata de un accidente sino de un diseño: apreciación cambiaria y apertura comercial sin haber reducido antes los costos impositivos, financieros y logísticos de producir en el país. El RIGI, que otorga beneficios tributarios, cambiarios y regulatorios a las grandes inversiones, es utilizado principalmente por la energía y la minería.
La demanda interna, en tanto, está en niveles muy bajos. El consumo masivo, el de supermercados y kioscos, cayó 1,5% interanual en agosto, acumula una baja de 2,7% en el año y lleva ocho meses consecutivos en rojo. La inversión retrocedió 11% en el segundo trimestre y representa apenas el 16,5% del PBI. En los primeros ocho meses, las importaciones de bienes de capital bajaron 12,6% en cantidades y las de piezas y accesorios, 27,6%.
En cuanto al gasto público, el análisis reconoce que el ajuste inicial era necesario para terminar con el déficit financiado con emisión y frenar la inflación. Pero advierte que llevarlo al extremo termina afectando al propio equilibrio fiscal: el ajuste enfría la actividad, eso reduce la recaudación y obliga a nuevos recortes. El IVA, el impuesto que mejor refleja el consumo, cayó 5,8% real en septiembre y 6,5% en el año. La recaudación total subió 3,7% el mes pasado por un efecto calendario de Ganancias, pero en el acumulado anual muestra una baja real cercana al 3%.
Las exportaciones son la excepción, impulsadas por Vaca Muerta y la minería: las ventas de energía crecieron más de 40% interanual en agosto. En los primeros ocho meses, las exportaciones totales aumentaron 10% en cantidades y el superávit comercial superó los 18.000 millones de dólares. Sin embargo, ese saldo también se explica por la caída de las importaciones, algo anómalo en una economía que crecía: en el segundo trimestre el PBI aumentó 2% interanual mientras las compras al exterior bajaron 8,6%.
La calma financiera, en buena medida resultado del comercio exterior, también responde a una actividad deprimida que demanda menos dólares para importar e incluso para ahorrar.
El cuadro se agrava al mirar el empleo. Industria, comercio y construcción, tres de los sectores que más caen, concentran casi cuatro de cada diez ocupados. Entre el segundo trimestre de 2023 y el de 2026, la industria y la construcción perdieron más de 600.000 puestos. El comercio, principal empleador del país, sumó 381.000, pero a costa de mayor precarización. La informalidad ya alcanza al 45% de los trabajadores y el empleo asalariado registrado tiene 354.000 puestos menos que en noviembre de 2023.
La pobreza subió al 32,3% en el primer semestre, desde el 28,2% del período anterior. Y aunque el PBI del semestre creció 2,2% interanual, la pobreza quedó 0,7 puntos por encima de la de un año atrás, algo que solo se explica por un fuerte deterioro en la distribución del ingreso.
Este escenario pone en tensión el resultado electoral del año próximo y preocupa a los mercados. El riesgo país pasó de 400 puntos a comienzos de julio a más de 600 a fines de septiembre. Entre las causas figuran las tasas en Estados Unidos y las menores compras de reservas del Banco Central, pero también la caída de los sectores que más empleo generan y el temor a que el programa no sobreviva a las urnas.
Los últimos datos de actividad completan el panorama: el PBI del segundo trimestre bajó 0,6% y el desplome mensual de 2,9% en julio dejó a la economía al borde de la recesión técnica. Más allá de si finalmente se confirma, el análisis sostiene que el modelo ya muestra dificultades para cumplir sus propios objetivos de equilibrio fiscal y estabilidad financiera.
Como salida, el autor, director de Economía de Fundar, propone algo menos de rigidez fiscal, sin volver a un déficit imposible de financiar: cumplir con las leyes de emergencia en discapacidad y financiamiento universitario y aprovechar los créditos de organismos multilaterales para obra pública, hoy en gran parte sin ejecutar. Un poco más de gasto, plantea, podría traducirse en más actividad, más recaudación y menos tensión financiera.
Claudio Vallejo Producciones